Yo me quedo en casa

diario gestión, 13 de marzo de 2020 

La transmisión del pánico

“Cerrar las fronteras, poner a todo un país en cuarentena y, de paso, asestarle un golpe mortal a la economía mundial no es el camino más inteligente”.

Publicado: 2020-03-13

En 1933, durante su discurso de toma de mando como presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt dejó una frase más que apropiada para estos días del coronavirus: “A lo único que debemos tenerle miedo es al miedo mismo”. 

Y es que el miedo —en su manifestación más dañina y desbocada— alimenta el pánico, que nos hace más susceptibles a creer en las medias verdades, medias mentiras de las “fake news” y a tomar decisiones que, si bien pueden ser entendibles a nivel individual, amenazan con hundir a la economía mundial en una profunda depresión.

Después de todo, las teorías de conspiración que viralizan las redes sociales no están exentas de algún grado de verosimilitud. ¿Es posible que el pánico desatado haya sido fabricado en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con el fin de socavar el creciente poderío económico de China y sus cada vez más claras intenciones de ejercer un liderazgo político ideológico que sirva como contrapeso a las ideas fundamentales del liderazgo norteamericano? Sí, claro, es posible, pero poco probable, y en todo caso—de haber sido así—les salió el tiro por la culata: tanto el comercio internacional, como la actividad económica global corren el riesgo de perder el equilibrio al borde del despeñadero.

¿Es posible que el coronavirus sea el equivalente de las pandemias que en distintos momentos de la historia decimaron la población mundial, como, por ejemplo, la gripe española, la viruela, la peste bubónica, el sida o el cólera? Sí, claro que es posible, aunque la experiencia hasta el momento nos dice que la pandemia del coronavirus tiene una tasa de mortalidad de tan solo 2%, y que en su mayoría sus víctimas mortales se circunscriben a los ancianos con problemas de salud.

Al día de hoy, el total de casos registrados del coronavirus a nivel mundial, del 7 de enero al 12 de marzo del 2020, alcanza a 134,471 personas. De las cuales 4,970 han fallecido y 68,900 se han recuperado. Del total de casos activos en estos momentos —60,601 personas— se estima que el 90% tiene una condición ligera y 5,994 una condición seria o crítica. En los Estados Unidos, el total de casos de coronavirus de enero a marzo es de 1,636 personas. De ellas, 1,581 permanecen activas, 40 han fallecido, y se considera que apenas 10 personas se encuentran en estado crítico. En China, cuna del coronavirus, de los 80,796 casos registrados, 62,826 se han recuperado totalmente, 3,169 han fallecido y permanecen en estado crítico 4,257. Si ahora calculamos el total de casos por millón de habitantes, este es de 56.1 para China y 4.9 para los Estados Unidos y de 0.7 en el caso del Perú).

Ahora pongamos al coronavirus en su debido contexto. Según cifras del Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, entre octubre 2019 y lo que va de marzo, han muerto 20,000 personas por culpa del resfrío común. 20,000 personas versus 40 fallecidos por el coronavirus!! Señalo el caso de los Estados Unidos no para subestimar los peligros del coronavirus, en particular su trayectoria exponencial de transmisión. Lo señalo para dejar en claro que la hipérbole y el pánico son injustificados. Pero pánico es pánico. Lo causa la incertidumbre, se expande por la poca o distorsionada información y la alimentan los sesgos humanos, como la desconfianza.

Por eso, es necesario combatir el miedo con información fidedigna y oportuna. Necesitamos recuperar algún sentido de cordura. Las pandemias —producto de la globalización, el abaratamiento de los costos de transporte y las migraciones— están aquí para quedarse. Cerrar las fronteras, poner a todo un país en cuarentena y, de paso, asestarle un golpe mortal a la economía mundial no es el camino más inteligente.


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Economía Imperfecta

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