la mafia no descansa

diario gestión, 8 de noviembre del 2019

El futuro del cobre

Publicado: 2019-11-08

La globalización del siglo XXI ha traído aparejada dos fenómenos que han de seguir siendo determinantes para el desarrollo futuro del Perú: el surgimiento y consolidación de China como gran potencia y el hallazgo de nuevas fuentes de uso para el ítem más importante del portafolio exportador peruano: el cobre. 

Los últimos años no han sido particularmente gratos para la cotización internacional del rojo metal. Esta viene cayendo a un ritmo promedio anual de 4.1 % desde el 2012. Situación diametralmente distinta a la experimentada durante los primeros 12 años del siglo XXI, periodo durante el cual la cotización se incrementó a un ritmo anual promedio de 12.9% —periodo que los futuros historiadores económicos han de denominar el del “superciclo de los metales”—. 

La causa de la caída del  precio internacional del cobre es la misma que la que dio origen a su vigorosa alza: China. En efecto, entre el 2000 y el 2012, la producción industrial china y su producto bruto interno crecieron a tasas de dos dígitos, lo que la llevaron a convertirse en el mayor consumidor de minerales del mundo. En el caso específico del cobre, China es hoy responsable por el 46% del consumo global, importado principalmente de Chile y Perú, los dos grandes productores mundiales del rojo metal.

Los factores de tan descomunal apetito y de su efecto sobre la cotización del metal fueron dos visibles y uno invisible. Los visibles: la rápida transformación de China en potencial industrial (la verdadera fábrica del mundo) y la constitución de sus reservas estratégicas, y el invisible: la abundancia de liquidez internacional transformada en inversión especulativa. 

Pero todo eso llegó a su fin hacia diciembre del 2012, en un proceso lento pero sostenido de ralentización de la producción industrial china, menores tasas de crecimiento del PBI chino y —más recientemente— la guerra comercial con los Estados Unidos. De allí que el futuro inmediato permanezca incierto. Si bien los analistas internacionales y el propio Banco Mundial pronostican una ligera alza en la cotización (en términos nominales) del cobre para el periodo 2020-2023, los supuestos explícitos de inflación hacen que dichos pronósticos se traduzcan en una línea plana en términos reales, similar al nivel alcanzado en el 2010. 

¿Qué futuro le espera  al rojo metal? En el horizonte de mediano plano, hay razones para el optimismo. Y también para la preocupación. Existe algo llamado “grafeno”—una sustancia compuesta por carbono puro, nacida en los laboratorios de la Universidad de Cambridge— que, en teoría, tiene tales niveles potenciales de conductividad que bien podría reemplazar al cobre.

Pero, por otro lado, existen una serie de disrupciones tecnológicas que —de hacerse masivas—le darán tal impulso al cobre que hay quienes hablan del pronto advenimiento de una gigantesca racha alcista en la cotización del cobre para mediados de la siguiente década. Los autos eléctricos, las energías alternativas y la Internet de las cosas —tres de las nuevas maravillas de la Cuarta Revolución Industrial— habrán de requerir mucho pero mucho cobre, en momentos en que los “fundamentals” indican que existe una tensión cada vez mayor entre la oferta mundial de cobre y la demanda por el metal.

Los analistas pronostican que el déficit de oferta —calculado en 190,000 toneladas métricas este año— será de 250,000 toneladas métricas en el 2020 y que hacia el 2030 el mundo deberá producir unos 5 millones de toneladas métricas al mes para poder satisfacer la demanda esperada si los autos eléctricos y la Internet de las cosas dejan de ser una novedad. La pregunta es si el Perú habrá logrado ampliar su capacidad productiva para entonces. De no hacerlo, habremos perdido, una vez más, una oportunidad de dar un salto gigante al desarrollo.


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Economía Imperfecta

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