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DIARIO GESTIÒN,  11 DE OCTUBRE DE 2019

El superpresidente Vizcarra

Publicado: 2019-10-11


Uno de mis superhéroes  favoritos –Supermán– alguna vez dijo: “En el universo existe lo correcto y lo incorrecto. Y la distinción no es difícil de hacer”. De repente no lo es en el mundo imaginario de los superhéroes, pero en el mundo real vaya que sí es difícil. 

Aunque para una inmensa  mayoría de peruanos –tal y como sucedió en 1992– el cierre del Congreso de la República debido “a la negación fáctica de la cuestión de confianza” es altamente beneficiosa para el país, incluso si tal novedad interpretativa hace añicos el concepto de orden instituido y de verdadero respeto irrestricto a nuestra Constitución. 

Todavía más beneficiosa,  sin embargo, lo ha sido para la popularidad del señor Vizcarra, que–según esas mismas encuestas–se encuentra en un superhumano nivel de 82 por ciento. Solo el tiempo dirá si esta era la mejor o la única manera de poner fin a la crisis política que –por más que se empeñe el presidente– no puede ser atribuida solamente a la oposición aprofujimorista.

El Gobierno también hizo  su parte. Después de todo, como reza el dicho: “se necesitan dos para bailar el tango”, o como confesará el actor principal del drama en su acto de despedida de la Presidencia del Consejo de Ministros –Salvador del Solar–: “jugar el juego”. En política no hay que ser inocentes, y de esta crisis nadie lo es, incluidos nosotros simples mortales.

El hecho es que –a base de perseverancia, y una gran dosis de audacia– un político salido de las regiones del país, incorporado a la plancha del gringo Pedro Pablo Kuczynski por sus indudables rasgos peruanos, se ha convertido en un héroe: sin partido político, sin bancada, sin el apoyo tácito o explícito de los poderes fácticos (salvo la foto de apoyo con los altos mandos militares) ha sido capaz de derrotar sin ambages a la otrora poderosísima alianza aprofujimorista y a su siniestro plan de gobernar desde el Congreso de la República, como exige la naciente y oficialista narración política actual. 

Atrás qued an los matices, las atingencias, las denuncias acerca del proyecto Chinchero, etcétera. Y el tema del Tribunal Constitucional se resolverá cuando las elecciones congresales estén ya en marcha. 

Es tan poderosa la narrativa  oficialista, refrendada por la población en las encuestas, que ni siquiera los costos del proceso electoral, ni las complicaciones derivadas de una elección atípica tan cercana a las elecciones del año del Bicentenario de nuestra independencia parecieran ser un tema que importe. 

Ahora queda una sola  realidad: un presidente que concentra en un mismo momento su papel como jefe de Estado, jefe supremo de las Fuerzas Armadas, jefe de la Junta Nacional de Justicia, con capacidad para legislar por decretos de urgencia, incluyendo la posibilidad de normar cómo se deberían realizar las elecciones congresales complementarias de enero del 2020, algo a lo que acaba de renunciar –en un decreto de urgencia que lo enaltece– al dictaminar que sean los organismos electorales los que dicten las normas del juego. 

¡Bravo! 

Así, san Martín Vizcarra  se convierte en el superpresidente Vizcarra, demostrando lo que también alguna vez dijera otro de mis superhéroes favoritos –Batman–: “Hay un superhéroe en cada uno de nosotros. Solo necesitamos el coraje para ponernos la capa”.


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Economía Imperfecta

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