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diario gestión, febrero 2019

El futuro de las finanzas

" Un mundo nuevo, una  nueva economía y una  nueva composición  demográfica  demandan unas  finanzas acordes con  los tiempos "

Carlos Anderson

Publicado: 2019-02-01


La economía mundial está en plena transformación. Rápidamente, nos encaminamos a sociedades sin dinero en efectivo, donde el crédito y otras transacciones de carácter financiero son tratadas como verdaderos “commodities”.

El viejo esquema de intermediación –con bancos, y financieras, y compañías de seguros tradicionales– no tiene futuro. A menos que las empresas e instituciones financieras que hoy dominan –las “incumbents”– aprendan a convivir con las fintech, cambien radicalmente y se digitalicen “en serio”.

Un mundo nuevo, una nueva economía y una nueva composición demográfica demandan unas finanzas acordes con los tiempos. A su vez, los nuevos tiempos exigen aceptar una verdad de Perogrullo: que la disrupción tecnológica actualmente en curso no constituye un evento único, sino que está condenada a convertirse en “el estado normal” de cosas.

Pero, antes que nada, el futuro de las finanzas en el Perú depende de un cambio radical de paradigma. Requiere pasar de ser un sistema financiero de naturaleza oligopólica a un modelo más cercano al open banking, donde los grupos financieros tradicionales se abran a la sana competencia con quienes tienen, o deberían tener, a la base de la pirámide como su principal público objetivo –esto es, las microempresas o startup de fintech que, a fuerza de microcréditos, microseguros, y otras microtransacciones, incluidas las relacionadas con las operaciones de cambio de moneda extranjera, comienzan a llamar la atención de los jugadores tradicionales, incluyendo a los reguladores.

Estos últimos son una pieza clave. Porque con sus acciones y opiniones pueden impulsar o detener el proceso de modernización de las finanzas en el Perú, tan firmemente ancladas en el siglo pasado, con sus “conglomerados” financieros (banca, seguros, AFP), sus conflictos de intereses, sus altísimos spreads y altísimas tasas de rentabilidad que revelan su ineficiencia e indebido poder de mercado. Reguladores y ministros que una vez acabada su función pública no dudan un minuto en atravesar las puertas revolventes de la administración pública para “hacerse cargo”

de aquellas instituciones privadas que hasta ayer regulaban.

Hoy los reguladores se aprestan a “regular” a las fintech. Desde ya, anuncian la necesidad de que estas tengan determinados grados de capital como soporte de su responsabilidad fiduciaria. Y eso está bien. Solo que el celo y el tono con que expresan su decisión de “regular” a las fintech suenan

más a amenaza que a otra cosa. Algo parecido aconteció hace un par de años con la legislación supuestamente diseñada para impulsar la bancarización en el Perú a partir de la telefonía móvil. En África, la provisión de servicios financieros por parte de telcos (empresas de telecomunicaciones) constituye un éxito que no admite discusión, beneficiando a millones de familias antes excluidas. En el Perú, las telcos financieras brillan por su ausencia.

Finalmente, el desarrollo futuro de las finanzas en el Perú dependerá de la capacidad de liderazgo de las principales autoridades del país, para vencer poderosos “intereses creados” que impiden modernizar el sistema, como es el caso de la oposición discreta y hasta disimulada de los bancos a la creación de un mercado de derivados (de tasas de interés y de tipo de cambio) como el que existe en otras partes de América Latina, con la complicidad pasiva de quienes deberían tener como prioridad el buen funcionamiento de las finanzas en el país.


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Economía Imperfecta

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