quieren blindar a corruptos

Diario gestión, 18 de enero 2019

La nueva dinámica política

“Tener ‘la voluntad popular’ como único gran soporte de la acción del Gobierno es peligroso, porque puede llevar al presidente a cometer errores graves”.

Carlos A. Anderson

Publicado: 2019-01-18

"Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una con las leyes; otra, con la fuerza”. Y, sin embargo, si el genial Nicolás Maquiavelo—a quien pertenece la observación con que inicio esta columna—viviera en el Perú de hoy, probablemente corregiría su anterior observación diciendo: “además de las leyes y de la fuerza, existe una tercera manera de combatir: con las encuestas de opinión”. 

Resulta indudable que el  presidente Martín Vizcarra ha descubierto en la conexión con el sentir ciudadano de repudio a la corrupción su mejor arma. Arma que usa sin temores ni aspavientos. Reaccionando a cada ataque, pero sobre todo, anticipándose, descolocando a sus adversarios con dichos y acciones propios de quien se siente empoderado. Un referéndum por aquí, un voto de confianza por allá y, ¡voilà!: la aprobación presidencial se eleva a niveles insospechados. 

Pero la actuación protagónica del presidente de la  República revela en sí misma su mayor debilidad: aparece solo, cual “Llanero Solitario”, cabalgando en busca de justicia. Su fiel compañero, el premier Villanueva, necesita tener un número mayor de “minutos” en el escenario de la gran política nacional. Y mucho ayudaría poder mostrar que existe además un bien aceitado grupo de combatientes, llámense estos ministros o congresistas. Tener “la voluntad popular” como único gran soporte de la acción del Gobierno es peligroso, no solo porque dicha voluntad puede a veces ser caprichosa o desinformada, sino porque además puede llevar al presidente a cometer errores graves, como, por ejemplo, invadir con demasiada frecuencia fueros propios de otros poderes del Estado. 

Mientras tanto, la oposición “fujiaprista” ha sufrido una doble implosión. Por un lado, el fujimorismo “a lo Keiko” se ha hecho un público harakiri. Con su lideresa presa, y sus principales figuras — digo, es un decir— corriendo a la puerta que dice “Salida”, la banKada se encuentra más que desconcertada, pero no desarmada. Cuentan todavía con un número suficiente de votos para “combatir con las leyes”, como señala Maquiavelo, y como lo demuestra la ridícula decisión de la banKada de investigar a la empresa del presidente Vizcarra “por su relación con la empresa Odebrecht”. 

La otra implosión tiene al  Apra como protagonista. La sólida “alianza” de estos dos últimos años se ha roto. Los congresistas del Apra tienen ahora objetivos que pueden estar incluso en las antípodas de los objetivos y/o prioridades de la bancada de Fuerza Popular. 

Su nueva razón de ser es  “proteger al compañero presidente”, y acompañarlo en los intentos del señor Alan García por sembrar el caos político. Los tuits del expresidente tienen como único objetivo distraer a la opinión pública de las acusaciones que se le hacen en el marco de las investigaciones del Lava Jato, aunque vengan disfrazadas de una preocupación por “la reconstrucción del norte”, la anemia o el deterioro del empleo. A medida que se complique aún más su situación legal, es muy probable que los tuits del expresidente García alcancen niveles de estridencia incluso mayores a los ya alcanzados en los días previos a su frustrada fuga — perdón, intento de asilo— en la residencia del embajador de Uruguay. 

Es así como la política desestructurada de las últimas  décadas ha dado paso a un país de miradas contrapuestas: un país dispuesto a erradicar la corrupción “cueste lo que cueste”, y otro país que privilegia las cuestiones económicas. Lástima que las legítimas preocupaciones de este otro país hayan sido secuestradas por quienes están acusados de ser parte de la corrupción que queremos eliminar.


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Economía Imperfecta

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