Cobarde y mentiroso

diario Gestión, 26 de octubre del 2018

La pobreza del debate económico

Sin niveles adecuados de salud y educación no tenemos posibilidades de triunfar en la lucha global por el crecimiento y el desarrollo sustentado en empleos de calidad y salarios dignos”.

Carlos Anderson

Publicado: 2018-10-26


Probablemente, esta sea la menos leída de mis columnas. Lava Jato, Lava Juez, y la guerra abierta entre el Legislativo y el Gobierno de PPK-Vizcarra, así como la crisis terminal del fujimorismo en su versión más autoritaria, opaca y asta corrupta acaparan, desde hace un par de años ya, la atención ciudadana. 

La víctima principal de este “monopolio informativo” es la tan necesaria discusión acerca del destino económico del país. Ni siquiera la inminencia del Bicentenario en apenas tres años es capaz de cambiar el estado de cosas. 

Casi de manera inadvertida, hemos vuelto al “piloto automático” y a la sempiterna especulación acerca de si el PBI crecerá 3% o 4% o si el dólar se cotizará al alza o a la baja. Es decir, un manejo de la política económica sinreferencia alguna a consideraciones de mediano y largo plazo, más allá de la otra gran preocupación nacional: el tamaño del déficit fiscal. Y ya, paramos de contar. Así, la gestión macroeconómica continúa recorriendo de manera obsesiva el corto plazo, oteando nerviosamente los acontecimientos de la economía internacional, alterada por la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, conscientes de nuestra dependencia cada vez mayor de los precios de los “commodities”, como el oro, el cobre o el estaño.

En consecuencia, seguimos atrapados en la búsqueda de “objetivos macroeconómicos” (crecimiento del PBI, tamaño del déficit fiscal, etcétera) que poco o nada nos dicen acerca de nuestro avance o retroceso en materia de bienestar. Mientras tanto, el empleo formal sigue en picada, los hospitales y centros de salud desabastecidos, la industria nacional paralizada, la recuperación del norte ¿avanza? a paso de tortuga, la anemia va en aumento, la criminalidad desbordada, la inversión pública paralizada, todo esto al tiempo que comienzan a surgir preocupantes burbujas de insatisfacción social. 

En ningún foro gubernamental –llámese MEF, Minem, Minam o Ceplan– encontramos un debate abierto y/o ideas claras acerca de cómo transformar nuestra dependencia en los precios de los commodities en ventajas competitivas globales y sostenibles en el tiempo, como bien lo hacen países como Australia, Canadá e incluso nuestro vecino al sur, Chile. 

En foros privados encontramos debates e ideas interesantes para impulsar la innovación y la creatividad –verdaderos motores de la productividad– pero sin mayores interlocutores gubernamentales, capaces de darle sustento económico. A pesar de la evidencia abrumadora que existe acerca de la rapidez con la que el cambio tecnológico está trastocando el mundo del empleo, poco o nada se hace al respecto. Ni siquiera existe el sentido de urgencia ante los peligros de la automatización. Para colmo, el Ministerio de Trabajo sigue actuando con un esquema mental del siglo XX. 

Se habla mucho de nuestro éxito agroexportador, pero se ignora que las ventajas competitivas –para mantenerse– deben ser dinámicas. Ello implica gestar, en el tiempo más corto posible, corredores logísticos, impulsando la transformación digital como catalizador del comercio internacional. 

El trípode salud -educación- empleo es visto y entendido como si se trataran de compartimentos estancos. No lo son. Sin niveles adecuados de salud y educación no tenemos posibilidades de triunfar en la lucha global por el crecimiento y el desarrollo sustentado en empleos de calidad y salarios dignos. Es hora ya de dejar el drama político de lado y comenzar una urgente discusión acerca de lo verdaderamente importante: el bienestar de cada uno de los ciudadanos de nuestra Nación.


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Economía Imperfecta

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