se fue con Komplicidad

diario GESTIÓN, 12 de octubre del 2018

Votos, poder y lágrimas

“ La ciudadanía engañada ha aprendido a usar las redes sociales para ejercer presión e impulsar el cambio”.

Carlos Anderson

Publicado: 2018-10-12

Interesante lo efímero y gaseoso que resulta el ejercicio del poder en un país sin instituciones. El filosofo Pitaco de Mitilene, uno de los Siete Sabios de Grecia, gustaba decir: “Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara”. Pensando en la lideresa del Frente Popular, Keiko Sofía Fujimori, el gran filósofo pudo haber dicho: “Si quieres conocer a una mujer…”, pero en esos tiempos el poder era prácticamente un negocio exclusivo de la clase masculina. Por último, pensando en la mayoría fujimorista en el Congreso, pudo haber dicho: “Si quieres conocer a una bankada…”.Da igual. 

El ejercicio mismo del  poder desenmascara. Revela el lado oscuro de la política. Deja al descubiertocarencias, ambiciones, intereses, odios y mezquindades, como los que hemos podido ver en el gran teatro de la política peruana durante los últimos dos años. Ministros defenestrados, un presidente (desenmascarado)  obligado a renunciar, un ejercicio del poder mayoritario en el Congreso sin frenos ni escrúpulos, indultos usados como moneda de intercambio de negociación política, redes de protección a personajes sospechosos de corrupción sin anestesia burdas celadas disfrazadas de “operativos de inteligencia” a lo James Bond, etc., etc. 

En el pasado, los mecanismos  de reacción con los que contaba la sociedad para castigar a los así desenmascarados eran pocos y muy lentos: elecciones cada cinco años, uno que otro referéndum. Hoy, todo se mueve a la velocidad de la Internet. La ciudadanía engañada ha aprendido a usar las redes sociales para ejercer presión e impulsar el cambio. Las encuestas de opinión formales e informales, la imaginación lanzada al viento en forma de memes cada vez más crueles, mítines organizados de im promptu con temas específicos, batallas verbales con legiones de “troles” profesionales, todos estos constituyen armas cada vez más efectivas para luchar contra el ejercicio absoluto del poder, haciéndolo así cada vez más relativo y difuso. 

Esta nueva dinámica de  conversación política en redes tiene además una contraparte en el mundo real, el de las elecciones y los votos. La casi desaparición del fujimorismo y sus comparsas del Apra en las recientes de “troles” profesionales, todos estos constituyen armas cada vez más efectivas para luchar contra el ejercicio absoluto del poder, haciéndolo así cada vez más relativo y difuso. Esta nueva dinámica de conversación política en redes tiene además una contraparte en el mundo real, el de las elecciones y los votos. La casi desaparición del fujimorismo y sus comparsas del Apra en las recientes elecciones municipales y regionales se forjó, día a día, en las batallas campales de la nueva forma de hacer política. Las lagrimas de los vencidos no se comparan con la alegría de los nuevos actores políticos, en su mayoría desconocidos. A ellos les toca ahora someterse al dictum de Pitaco porque a partir de ahora gozan del inmenso poder que significa ser elegidos en un país sin instituciones que pongan en efecto mecanismos de control para evitar el abuso, la soberbia, el nepotismo, el despilfarro y la corrupción que caracterizan a países como el nuestro sin una tradición de rendición de cuentas. Como bien dice Moisés Naím en su libro “El fin del poder”: “El poder se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder”. El caso de la lideresa de Fuerza Popular y su partido es, en este sentido, paradigmático. Su ejercicio del poder ha sido casi tan desastroso como el del expresidente Alan García en la segunda mitad de la década de los 80. 

Cuenta la leyenda que  cuando mataron a su hijo, Tirreo, y trajeron al asesino ante él, Pitaco lo dejó ir, diciendo: “El perdón es mejor que el castigo”. Keiko Sofía tendría que haber leído y seguido a pie juntillas el ejemplo de Pitaco, “perdonando” a Pedro Pablo Kuczynski (y a su sucesor) por haberle “robado” la elección presidencial. Hoy no estaría al borde del precipicio, sin afecto ciudadano, sin un partido monolítico (si alguna vez lo fue) y sin lo más preciado que puede tener un ser humano: su libertad.


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Economía Imperfecta

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