los #hermanitos se reacomodan

diario gestión, 14 de setiembre del 2018 

El fragor de la guerra comercial

“Al Gobierno le preocupa el impacto de los menores precios del oro y el cobre sobre las cuentas fiscales”.

Carlos Anderson

Publicado: 2018-09-14

Los tambores de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China comienzan a producir sonidos cada vez mas estridentes. Ya se oyen aquí en el Perú, producto del desplome de los precios internacionales delcobre y el oro (-18% y -12% en lo que va del año, respectivamente) y de los rumores cada vez más intensos de una nueva alza en la tasa de interés de la Reserva Federal, señal inequívoca de que se nos viene un dólar cada vez más fuerte (y, en consecuencia, un sol potencialmente más débil). 

Al Gobierno le preocupa el impacto de los menores precios del oro y el cobre sobre las cuentas fiscales. A menores precios de los metales, menores ingresos fiscales, menor capacidad para trasladar recursos a los gobiernos regionales, menor número de obras públicas, menor generación de empleo y, en consecuencia, un mayor sentimiento de insatisfacción ciudadana. Entre los empresarios, el aumento de la incertidumbre comienza a ser un factor de preocupación por su impacto probablesobre las expectativas, las tasas de interés domésticas (corporativas y de consumo), los flujos de capital— incluida la inversión extranjera directa– y la posible evolución de la relación sol/dólar, en especial el aumento de la volatilidad. 

Atrás va quedando la visión  peligrosamente optimista y casi oficialista de comienzos del año en el sentido de que gracias a la solidez de nuestros “fundamentos económicos” (balanza comercial superavitaria, alto nivel de reservas internacionales, baja inflación, relativamente alto crecimiento económico, un banco central independiente y manejado de manera experta, etcétera), “estamos blindados”, y que el impacto, en todo caso, sería mínimo – incluso si la guerra desatada por el presidente Donald Trump se agrava— gracias a que contamos “con una estructura comercial muy diversificada” y “con 19 TLC, incluidos uno con los Estados Unidos y otro con China”.

Poco a poco, se va afianzando una visión más realista que busca identificar las oportunidades (mayores exportaciones a Estados Unidos y China de aquellos productos que nosotros producimos y que podemos exportar con arancel cero gracias a los TLC) sin ignorar los riesgos directos al comercio con ambos países (menor demanda de nuestros productos de exportación tradicional y no tradicional, como resultado de tasas más bajasde crecimiento del PBI, en ambos países) así como los efectos indirectos de la tensión comercial entre las dos principales economías del planeta. 

Después de todo, en las guerras  comerciales, como en toda guerra, al final de cuenta, no hay verdaderos ganadores. Demás está decir que la irresponsable guerra comercial desatada por el presidente Trump eventualmente sellará el destino de una Presidencia que, en el mediano plazo, está destinada al fracaso. Los consumidores norteamericanos, en especial, le han de cobrar con sus votos el alza en los precios de los bienes de consumo que con tanto entusiasmo importan de China. Los consumidores chinos, en cambio, casi no notarán los efectos de la guerra comercial.

Pero el peligro mayor no es comercial, ni siquiera económico. El mayor peligro es que la guerra comercial cambie la naturaleza de la competencia entre las superpotencias. Hasta ahora, el surgimiento de China como la gran potencia económica del siglo XXI ha sido mayormente benigna, impulsando el crecimiento de la economía mundial, forzando a la baja la inflación internacional, sacando de la pobreza a cientos de millones de habitantes del planeta Tierra y arrastrando en ese camino al progreso a muchos países emergentes, como el Perú. Por eso, en gran medida, el futuro de la humanidad, como en las películas, está en manos del gran pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica.


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Economía Imperfecta

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