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publicado en : diario gestión el 31 de agosto del 2018

Vizcarra: el presidente americano

Publicado: 2018-08-31


El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es —sin duda alguna— uno de los hombres más poderosos del planeta, si no el más poderoso, el más-más. Por lo menos, esa es la percepción general a nivel internacional. 

Las fuentes de su poder  e influencia provienen del estatus de los Estados Unidos como el último ‘hegemón’ del siglo XX y comienzos del XXI, tanto en lo militar como en lo económico. Y, sin embargo, desde un punto de vista del análisis político, el presidente estadounidense es tal vez el más débil de los jefes de Estado. Y en este sentido, el parecido con el presidente Martín Vizcarra es particularmente sugestivo. 

Ciertamente, el presidente  Trump representa y personifica a la gran nación del norte. En materia de relaciones y política internacional, su palabra es ley, aunque no tenga ya capacidad irrestricta para declararle la guerra a algún país enemigo. Desde la guerra con Vietnam, esa potestad recae en el Congreso estadounidense. La capacidad Trump para influir de manera determinante en el otro gran poder del Estado, el Judicial, es también innegable. Puede nominar jueces federales, incluyendo a la famosa yrespetadísima Corte Suprema de los Estados Unidos, sentando así, de manera oblicua, el tenor de la discusión política acerca de los grandes temas sociales. 

Su influencia se siente también  a través de los nombramientos que realiza en las agencias federales como la CIA, el FBI, la Reserva Federal, la NASA y otras seis agencias federales más. Pero su capacidad de influir no es irrestricta. Como en el caso de los embajadores, todos estos nombramientos federales están sujetos a la confirmación del Congreso estadounidense —sin dudas,el primer poder del Estado. 

En materia económica, los poderes del presidente Trump son aún más limitados. La política monetaria la determina y dirige la Reserva Federal, de manera autónoma. El Tesoro de los EE.UU. actúa como una especie de coordinador de política económica, pero en la práctica, su gran poder reside en su capacidad para “orientar” el valor del dólar. La política fiscal —expresada en el presupuesto federal—, en última instancia, también tiene dueño: el Congreso, a través de poderosísimos comités. Es verdad que el presidente puede firmar “órdenes ejecutivas”, pero incluso estas deben ser revisadas y aprobadas (o denegadas) a posteriori por el Congreso. Eso y no mucho más. 

¿Dónde reside entonces la verdadera fuente del poder presidencial estadounidense? Pues en una figura del lenguaje muy “gringa”: el “bully pulpit”, literalmente algo así como el púlpito del matón, aunque una traducción más amable sería “el lugar desde el que ejerce presión o desde el cual se exhorta a la acción”. Se trata de un arma que requiere grandes habilidades de comunicación, como las que tenia Ronald Reagan o exhibe el propio Barack Obama. 

El “bully pulpit” es —en el  Perú— el arma secreta e inesperada de la presidencia de Martín Vizcarra. En efecto. Sin un partido que lo cobije o lo defienda en el Congreso de la República, sin un apoyo incondicional de los “poderes fácticos” (la Iglesia, la Confiep, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación, etc.), al presidente Martín Vizcarra no le ha quedado otro camino que recurrir directamente al apoyo de la opinión pública, exhortando al Congreso a la acción en materia de reforma política y lucha contra la corrupción. Con mucho éxito, a juzgar por las encuestas de opinión. ¿El riesgo? Encariñarse demasiado con esa droga llamada ilusión del poder y caer en el vicio de buscar repetidamente el fervor popular. A su uso irrestricto en materia política los estudiosos denominan “populismo latinoamericano” y a su versión económica “populismo económico”. El primero conduce inevitablemente a la tiranía y el segundo a la destrucción de la calidad de vida de las personas. Hagamos votos para que el presidente Vizcarra resulte ser tan solo un efectivo presidente americano.


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Economía Imperfecta

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