las cosas claras, señor presidente

PPK: hasta la hora final

"Nos encaminamos lentamente a un proceso político que promete mucho drama y, tal vez, al final del día, la posibilidad para el país de volver a empezar"

Carlos Anderson

Publicado: 2018-03-09

Turbado por el cada vez más crispado clima político del país, sin querer queriendo, hace unos días releí “Hasta la hora final”, libro escrito por Traudl Junge, exsecretaria de Adolf Hitler, acerca de los últimos días del Fuhrer en su búnker berlinesco. El libro narra en angustiante detalle el clima de profunda irrealidad que envolvió a Adolf Hitler durante sus últimos días y sirvió de inspiración para la película “La caída”, nominada al Óscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero en el 2005.

No pretendo hacer en esta  columna símil alguno a guerra alguna o a alguna figura política en particular. Pero sí quiero llamar la atención sobre ese fenómeno tan humano que –a partir de una negación sistemática de la realidad–puede llevar a una persona, o incluso a una Nación, a transitar vías dolorosas que podrían haberse evitado acudiendo a la razón. No fue ese el caso del sanguinario y vesánico Adolf Hitler ni de la otrora “culta” Nación alemana. Ambos, de manera voluntaria, transitaron – hasta el final– un viacrucis que destrozó a varias generaciones de alemanes.

Tampoco pareciera ser el  caso del señor Pedro Pablo Kuczynski, presidente de la República por voluntad de una mayoría pequeñísima de peruanos (incluyendo a este columnista). Ciertamente, el señor presidente no está refugiado en un búnker bajo tierra. Pero de alguna manera, tanto Palacio de Gobierno, en el centro de Lima, como su residencia privada en la calle Choquehuanca, en San Isidro, parecieran constituir una cúpula transparente, tal vez de vidrio, que lo mantiene aislado de la realidad y no le permite escuchar ni el ruido de la calle ni los comentarios soterrados de los poderes ocultos (empresarios, medios, clase política en general), los cuales han llegado a la conclusión de que “lo mejor que podría pasar es que el presidente renuncie”. El presidente aún ostenta el poder, pero pareciera haber perdido toda semblanza de “autoridad” y así, simplemente, no se puede gobernar.

Alentado por asesores,  y algunos cuantos partidarios, el presidente parece haber adoptado el dictum latino “Si vis pacem, para bellum” (“Si quieres paz, prepárate para la guerra”) exhibiendo como trofeos el creciente número de congresistas desertores del fujimorismo “a lo Keiko”, y proclamando que “no va a renunciar ”, confiado en el poder protector de los Avengers.

Para el  señor presidente no hay motivo alguno que justifique un nuevo pedido de vacancia presidencial.Según él, los temas relacionados con sus negocios y su transitar por la acción pública han sido “suficientemente aclarados” y, en consecuencia, quienes piden su renuncia o promueven su vacancia son gente de “extrema izquierda”.

Así las cosas, nos encaminamos  lentamente a un proceso político que promete mucho drama y, tal vez, al final del día, la posibilidad para el país de volver a empezar, con la esperanza de recuperar en algo el tiempo perdido. Para ello deberá suceder una de dos cosas: o el presidente Kuczynski demuestra –esta vez, frente al pleno del Congreso de la República y frente al país– que “todo” no es sino un gran malentendido azuzado por sus enemigos políticos. O acepta con hidalguía que, como reza el poema de Reiner Kunzer, “No podemos poner nuestras vidas en retrospectiva; debemos seguir viviendo con el pasado” y renuncia antes de que lo vaquen.

El fujimorismo “a lo Keiko”  ya ha anunciado –por intermedio de la propia Keiko Fujimori– que un eventual Gobierno del actual vicepresidente Martín Vizcarra será más que bienvenido. Los actores domésticos (empresarios, ciudadanía y partidos políticos) e incluso los actores internacionales (bancos de inversión, compañías evaluadoras de riesgos crediticios, etcétera) ya han interiorizado la posibilidad de un cambio en la cima del poder, con lo que crece la percepción de que lo que sigue será, no el caos que anuncian fuentes oficialistas, sino una transición bastante ordenada y sin trauma. 

El título del libro de la señora  Junge inspira esta columna y el nombre de la película presagia el final.


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Economía Imperfecta

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