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diario gestión, 19 de mayo del 2017

Impunidad: Sociedad Anónima

"Urge llevar a cabo una reforma integral del sistema de administración de justicia en el país con el fin de que desaparezca la impunidad y la sociedad deje de ser un ente anónimo, sin carácter ni destino. Esta sí que es tarea de todos"

Carlos Anderson

Publicado: 2017-05-19

"No es conveniente que la gente crea que se hace justicia. Podrían albergar esperanzas”. Este breve texto -contenido en una viñeta aparecida en el diario El País el miércoles pasado- no se refiere de manera directa o exclusiva al estado de la justicia en el Perú, pero podría hacerlo. Y es que -en lo que se refiere a la administración de la justicia- en el país reinan el caos y la desesperanza.

El actual sistema de justicia -caduco, contradictorio, confuso, formalista en exceso- es el caldo de cultivo de una parte importante de la corrupción en el Perú. En un artículo publicado ayer jueves en el diario oficial El Peruano, el presidente del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), Guido Águila Grados, se pregunta cómo así tenemos una Corte Suprema de Justicia si sus decisiones pueden ser revocadas por el Tribunal Constitucional (TC). O cómo así resulta ilegal de toda ilegalidad que el presidente de la República o cualquiera de sus ministros se quede en el cargo un día más allá de lo debido mientras que los magistrados del Tribunal Constitucional sí pueden hacerlo, como es público y notorio. O cómo así el CNM puede remover jueces, pero no puede amonestarlos, multarlos o suspenderlos. Como estas, el artículo resalta muchas contradicciones más.

Las atingencias del Sr Águila son de carácter formal, pero su materialización, en el campo de la aplicación misma de las leyes de la República son devastadores. Jueces prevaricadores, fiscales guiados por intereses políticos o económicos, sentencias absurdas, prisiones preventivas dictadas “por clamor popular”, “perdones presidenciales” de dudosa conveniencia (i.e. los narcoindultos), etc., todo ello ha contribuido a que se descrea de la justicia en el Perú y que en su ausencia se instale el reino de la impunidad. En todos los ámbitos. Y en todos los órdenes de criminalidad.

¿O acaso alguien ha sido nombrado responsable del desvío de recursos públicos que significo la presencia continua de “seguridad policial” en el caso de Óscar López Meneses? ¿Existen responsables por la “desaparición de tres millones de pañales del Ministerio de la Mujer? ¿No fueron absueltos “por prescripción” del delito 14 de los funcionarios del alcalde Castañeda involucrados en el escándalo de Comunicore? ¿No pasea por las calles de Suiza el ex-socio mayoritario de Canal 5, Ernesto Schutz Landázuri, como pasean por las calles niponas algunos de los parientes del expresidente Alberto Fujimori acusados de corrupción? ¿Quiénes terminaron en la cárcel por el escándalo de la no reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de Pisco de agosto del 2007?

Y lo mismo que en el campo  de la corrupción y el narcotráfico en el ámbito privado. Notorias fortunas de dudoso origen que hace rato hubieran caído de rodillas ante el IRS de los Estados Unidos (el equivalente de nuestra muy venida a menos Sunat), pero que aquí siguen haciendo ostentación pública de sus riquezas en los campos de golf, las corridas de toros o las competencias de caballo de paso peruano sin temor siquiera a la condena moral de una sociedad que ha devenido indolente e indiferente frente a este tipo de criminalidad. Juicios que no tienen cuándo acabar, dejando en el camino a los pocos fiscales y jueces probos con que cuenta la administración de justicia en el país, sin que ello sea materia del reclamo ciudadano.

Lamentablemente, el éxito  económico de los últimos 25 años no ha sido acompañado ni del surgimiento de instituciones del Estado con solvencia y suficiencia administrativa y moral ni de un sistema de administración de justicia transparente, predecible y moderno que les den esperanza y confianza a los ciudadanos. Urge por ello llevar a cabo una reforma integral del sistema de administración de justicia en el país con el fin de que desaparezca la impunidad y la sociedad deje de ser un ente anónimo, sin carácter ni destino. Esta sí que es tarea de todos.


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Economía Imperfecta

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