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DIARIO GESTIÓN, DICIEMBRE DE 2014

La contribución económica de la cultura al desarrollo

"El BID reconoce que  el 99 por ciento de  las estadísticas solo  cuentan el 49 por  ciento de la historia"

Carlos Anderson

Publicado: 2014-12-17

La Unesco acaba de dar a conocer una primera propuesta de indicadores multidimensionales para seguirle la pista a la contribución de la cultura al desarrollo integral del país en el marco de un esfuerzo internacional por poner de relieve la contribución de un sector usualmente ignorado o tratado en el margen por las cuentas nacionales de los países emergentes. Este esfuerzo de la Unesco se suma al excelente trabajo realizado el año pasado por el BID en torno a lo que denomina “La Economía Naranja”, que no es otra cosa que la suma de la contribución a la economía nacional— más específicamente al PBI de los países latinoamericanos, incluido el Perú—de los distintos sectores relacionados con las industrias culturales y del entretenimiento.

La diferencia más importante entre ambos esfuerzos está en la naturaleza multidimensional del trabajo de la Unesco, el cual complementa la dimensión económica —sin duda fundamental— con otras dimensiones fundamentales para ir del crecimiento económico al desarrollo económico: la educación, la gobernanza, lo social, el tema de género, la comunicación y una séptima dimensión relacionada con la sostenibilidad del patrimonio o acervo cultural. Quizás por esta razón el cálculo de la contribución al PBI de las industrias culturales realizado por el BID resulta ser más fino que el de la Unesco: 2.7% versus 1.58%. La diferencia parece mínima, pero con un PBI de US$ 230,000 millones de dólares la diferencia porcentual de 1.12% se traduce en 2,576 millones de dólares, una cantidad nada insignificante.

El informe de la Unesco presentado recientemente en un taller de socialización de los resultados preliminares nos da algunas pistas del porqué de la discrepancia y del porqué de la dificultad de tener una mejor apreciación del sector cultura a la economía nacional: la poca confiabilidad de los datos estadísticos. Nos dice, por ejemplo, que según el CIIU 9102 – Actividades de museos y gestión de lugares y edificios históricos, el total de ingresos por este rubro en el 2013 fue de apenas 8’943,000 nuevos soles. Y señala, a continuación, que un simple estimado de los ingresos por venta de entradas a Machu Picchu, considerando un número reportado de 658,165 visitantes, arroja un total de 63’916,178 nuevos soles, es decir, 7.5 veces los ingresos registrados en el código 9102 del Censo Nacional Económico.

Sin duda, las estadísticas constituyen el talón de Aquiles del esfuerzo por recalibrar nuestra percepción de la contribución de las industrias culturales a la economía nacional. Ya el INEI viene trabajando en la formulación de una Cuenta Satélite que —como en el caso de la Cuenta Satélite de Informalidad- ayude a encender algunas luces; pero el trabajo es tan arduo como necesario.

Pero si bien la dimensión económica es fundamental para atraer la atención de los hacedores de política, en mi opinión además es necesario —a la luz de los estudios propuestos— ampliar su significado para incorporar dos aspectos también fundamentales,como son: i) una visión de futuro que incorpore los cambios en la demanda nacional e internacional por “bienes y servicios culturales”, así como el impacto de la tecnología en la provisión de dichos bienes y servicios culturales; y, ii) una visión que diferencia el concepto de flujo que resulta de poner el énfasis en la participación del sector cultura en el PBI de un país de un concepto más amplio de patrimonio, acervo o riqueza cultural que permita inferir en qué medida es posible aumentar la contribución futura al PBI mediante la puesta en valor de los activos culturales actualmente subutilizados. En síntesis, un buen comienzo que requiere ahora un todavía mayor esfuerzo.



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Economía Imperfecta

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